


Delia Allerheiligen sabe lo que es no rendirse. Sus años corriendo carreras de 5K le han enseñado esa mezcla de agotamiento y determinación que se siente en los últimos metros de una carrera. Lo que no sabía era que un día esa misma mentalidad la llevaría a enfrentar uno de los retos más importantes de su vida.

Delia nació en México, creció en Texas y construyó una vida plena alrededor de la familia y la fe: madre de tres hijos, esposa, técnica de farmacia desde los 18 años y, hace casi cuatro años, recién casada con el amor de su vida.
Cuando no está trabajando, está corriendo. O bailando. O en una clase de ejercicio en grupo.
Para Delia, mantenerse activa no es una opción, es su forma de vivir.
Hasta que todo cambió en un probador de ropa.
En febrero de 2024, recién cumplidos los 40, Delia se realizó su mamografía anual de rutina. El resultado fue considerado normal, aunque mostraba tejido mamario denso. Cinco meses después, todo cambiaría.
Era julio de 2024. Delia se probaba trajes de baño cuando sintió algo: un pequeño bulto, del tamaño de una canica. Nunca lo había notado antes.
Le pidió a su esposo que lo revisara. Él no dudó ni un segundo. Le dijo: “Haz una cita médica.”
Lo que siguió fue una biopsia, y luego la confirmación que nadie quiere escuchar: cáncer de mama triple negativo, etapa 2B, grado 3.
“Sentí miedo. Mucho miedo. Mi mente se llenó de preguntas y de ‘¿qué tal si…?’”
La historia tenía otra capa de dolor. Su mamá había pasado por cáncer de mama triple negativo en 2018. Delia ya sabía lo que era acompañar a alguien amado en ese proceso. Ahora ella iniciaba ese camino.
“Ya había visto a mi mamá atravesar esta enfermedad, así que sabía que podía hacerlo, pero aun así surgían muchas dudas.”
El plan de tratamiento fue exigente: 16 sesiones de quimioterapia, 25 sesiones de radiación y una mastectomía doble con reconstrucción, todo en el transcurso de un año. También recibió inmunoterapia, aunque decidió suspenderla después de cuatro dosis por los efectos secundarios.
La quimioterapia la llevó a una menopausia inducida. Los sofocos (bochornos), el aumento de peso y la fatiga se convirtieron en cambios para los que nadie la había preparado.
Aun así, Delia no se rindió.
En los días más difíciles, Delia encontró su ancla en Dios, su familia y sus amigos.
“Dios fue mi mayor fortaleza. Aprendí a depender de Él en los días más oscuros, a través de la oración y la lectura de Su Palabra.”
Su familia respondió con una organización y un amor que la sostuvieron en cada momento. Cada viernes, después de los tratamientos, llegaban a visitarla. Su mamá siempre se aseguraba de que hubiera comida preparada y la casa estuviera limpia. Su hijo, que acababa de comenzar su primer año de universidad, regresaba a casa todos los fines de semana para acompañarla.
Y luego estaba Supa, su mejor amiga, presente todos los domingos sin falta. A veces veían películas. Otras veces conversaban afuera. Y algunas veces, simplemente la acompañaba mientras dormía.
“Tener personas que me amaban y estaban presentes hizo que este camino fuera mucho más fácil.”
Su lugar de trabajo también estuvo ahí, brindándole la flexibilidad necesaria para seguir trabajando en los días en que su cuerpo se lo permitía. Las comidas, los regalos, los mensajes de ánimo y, sobre todo, las oraciones de quienes la rodeaban fueron su combustible.
Durante la quimioterapia, Delia recibió un HOPE Kit de NBCF. Los productos incluidos fueron de gran ayuda, pero lo que verdaderamente la impactó fueron las palabras de aliento que venían dentro.
“Me recordaron que no estaba sola y que podía seguir adelante.”
Para esta corredora acostumbrada a no rendirse, el mensaje resonó de una manera muy particular.
“Me gustó pensar en mi tratamiento como una carrera: un paso a la vez, sin rendirme. Ese HOPE Kit me recordó que había toda una comunidad animándome a llegar hasta la meta.”
Hoy, Delia está en remisión. En julio cumplirá un año completo libre de cáncer.
Visita a su oncólogo cada tres meses y seguirá haciéndolo durante los próximos cinco años. También toma tamoxifeno, parte de su tratamiento continuo.
Físicamente, reconoce que su cuerpo ya no es el mismo. La quimioterapia deja secuelas, y ella lo acepta mientras trabaja cada día para recuperar su fuerza. Emocionalmente, la experiencia la transformó.
“Antes vivía siempre ocupada, corriendo de un lugar a otro. Ahora he aprendido que está bien disminuir el ritmo, descansar y priorizar mi salud.”
Delia tiene algo que decirle a quienes lean su historia:
“Vivan la vida plenamente. No den nada por sentado y disfruten cada oportunidad que Dios les da. Apóyense en Él en cualquier circunstancia y recuerden que no tenemos control sobre todo lo que sucede, pero sí sobre nuestra actitud ante cada día.”
“Amen a las personas, sonrían todos los días y encuentren algo por lo cual estar agradecidos, incluso en los momentos difíciles.”
Y para la Delia del día del diagnóstico, tiene un mensaje corto y directo:
“Respira… Todo va a estar bien. Y, por favor, ¡no busques información en Google! Cada historia es diferente. El camino de otra persona no será necesariamente tu camino.”


La Fundación Nacional del Cáncer de Mama (NBCF) está aquí para acompañarte en cada paso de tu diagnóstico. Visita nuestro sitio web para conocer nuestros grupos de apoyo, acceder a recursos educativos gratuitos o encontrar un navegador de pacientes en tu área.
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