


Silvia Sánchez llegó a Estados Unidos con una sola certeza: darle a sus tres hijos un futuro mejor. Lo que no imaginaba era que, en medio de la lucha diaria por sostenerse en este país, su cuerpo guardaría un secreto capaz de sacudirlo todo.

Ser madre. Ser inmigrante. Ser el pilar de una familia en tierra ajena. Para Silvia, originaria de Colombia, la vida en Estados Unidos era una carrera constante. El trabajo no era una opción, era una obligación. Cuidarse a sí misma quedaba siempre para después.
“Era más importante mantener un trabajo que sentirme bien conmigo misma”, recuerda Silvia. El estrés se había convertido en su compañero de vida sin que ella lo eligiera.
Tenía 47 años cuando todo cambió de una manera que nadie podría anticipar.
No fue una mamografía de rutina. No fue un autoexamen. Fue un dolor de estómago lo que llevó a Silvia a la sala de emergencias un día cualquiera. De ahí la remitieron a un gastroenterólogo, quien ordenó estudios adicionales, incluyendo una mamografía.
El resultado fue devastador: carcinoma de mama en etapa 2.
“Pensé que no era algo real. Solo pensaba que eso no podía estar pasándome a mí”.
Cuando la realidad finalmente la alcanzó, el mundo se volvió oscuro. “Pensé que iba a morir y que nunca me iba a recuperar. Veía el panorama tan oscuro, tan difícil. Para mí era algo muy grave e imposible de superar”.
Cargar con eso sola no era poca cosa. Pero Silvia resistió, y siguió de pie.
El tratamiento de Silvia consistió en inmunoterapias cada 21 días durante seis meses, acompañadas de infusiones de hierro semanales. Semana a semana, su cuerpo era puesto a prueba.
En los días más difíciles, Silvia encontró su ancla en tres lugares: su fe, su familia y ella misma.
“Con los días fui aferrándome mucho a Dios, y él fue quien me dio la fortaleza para que este proceso fuera menos traumático”.
Su fe fue su motor. A su lado, sus amigos estuvieron presentes y, sobre todo, sus hijos, siempre ahí, sacándole una sonrisa, manteniéndola ocupada, recordándole que había razones para seguir.
“El mejor incentivo es pensar que no estás enferma y que esto pasará pronto. Mantener la mente ocupada en otras cosas que no son la enfermedad es la mejor cura”.
Y luego estaba ella misma. Cada mañana, frente al espejo, Silvia se repetía: “Sí puedo. Sí soy capaz”.

A lo largo de su proceso, Silvia recibió ayuda financiera de NBCF, un respaldo que le permitió enfocarse en lo más importante: su salud y su recuperación.
“Estoy muy agradecida por el apoyo brindado de parte de ustedes. Es muy bonito sentir que hay un grupo de personas que se preocupan por personas como yo en esta situación”.
Hoy, Silvia ha completado su tratamiento de inmunoterapia y se prepara para el siguiente paso: una cirugía en la que le realizarán una mastectomía doble. No es un camino fácil, pero Silvia lo enfrenta con la misma calma que la ha acompañado desde el principio.
“Sé y tengo la seguridad de que es por mi bien. Cuando tienes a Dios en tu corazón, es muy difícil que llegue la angustia o la ansiedad”.
Hoy, Silvia siente el cansancio en el cuerpo. El tratamiento deja sus marcas. Pero en su interior crece algo nuevo: las ganas de seguir, de ayudar, de transformar.
“Emocionalmente tengo las ganas de seguir luchando y ayudando a transformar a otras pacientes como yo, que sí se puede salir adelante”.
El diagnóstico también le regaló una nueva manera de vivir. Silvia ya no vive con prisa. Ya no corre hacia un mañana incierto.
“Cambié. Ya no ando con afanes. Solo vivo un día a la vez. Primero pienso en mí. Y nunca, pero nunca, dejar de agradecer lo más sencillo: abrir los ojos, suspirar, respirar, escuchar”.
Para Silvia, la vida no se mide en logros ni en metas alcanzadas. Se mide en amaneceres.
“No hay prisa, y siempre agradece. Nunca dejes de agradecer por cada respiro, por abrir los ojos cada mañana y escuchar los pájaros. Ese es el verdadero sentido de la vida: la calma, y el tener la dicha de escuchar, ver, sentir y oler cada amanecer”.

Y si pudiera hablarle a la Silvia del día del diagnóstico, le diría simplemente:
“Tranquila. Todo va a estar bien. Solo confía en Dios y en ti. Esto pasará, y darás la victoria”.
La Fundación Nacional del Cáncer de Mama (NBCF) está aquí para acompañarte en cada paso de tu diagnóstico. Visita nuestro sitio web para conocer nuestros grupos de apoyo, acceder a recursos educativos gratuitos o encontrar un navegador de pacientes en tu área.
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